
Hace poco descubrí al ilustrador Igor Oleynikov, concretamente, en 2018, cuando recibió el Premio Hans Christian Andersen. Siento una gran admiración por sus ilustraciones, simplemente, me parecen maravillosas. Maestría y belleza en el dibujo, escenas entre oníricas y surrealistas, expresividad para retratar cada situación y estado anímico de los personajes e incluso también, sentido del humor y búsqueda del placer estético, pero con todo ello, es mucho lo que logra y es mágico lo que transmite. Es un ilustrador que dibuja como un dibujante ágil y pinta como un pintor clásico, con volúmenes, y lo hace con mucha complejidad y gran detalle, vamos, que no es precisamente un ilustrador que construye patrones estilizados para sintetizar una idea, al modo de un diseñador gráfico y aunque no hay nada en contra de ello, como digo, no es el caso. Cada ilustración es una sorpresa, una creación con la que parece experimentar algo nuevo, ya sea un encuadre, un punto de vista, una emoción determinada, un escenario, una situación, un elemento…Si hay algo común en su obra es su gran imaginación y originalidad para sugerir, ambientar y componer escenas peculiares. Pero lo que más me fascina es su enorme capacidad para crear la atmósfera que envuelve a los personajes, cómo se percibe el peso del aire que rodea las nubes, la temperatura y quietud de un paisaje nevado, la densidad del agua del mar..

Los personajes parecen seres animados que respiran envueltos en la bruma que les rodea, una neblina que difumina y suaviza los contornos creando imágenes entre soñadas y evocadas que, en ocasiones, me recuerdan a las ilustraciones fantásticas de John Bauer. Antes de ilustrar libros, Oleynikov comenzó trabajando en 1979 como animador en el Soyuzmultfilm de Moscú y más tarde en el Christmas Film Studios, algo que sin duda se refleja en la destreza con la que consigue crear la sensación visual de movimiento y en la forma en que concibe cada ilustración, como si fuera un fotograma de una película de animación.
En este sentido, el dinamismo de la imagen es una característica que seguramente atraerá al público infantil, mientras que el adulto descubrirá una dimensión más poética.

Aunque me gustaría saber más sobre su forma de trabajar, no he encontrado ningún libro acerca de él. Al parecer, prefiere pintar con gouache y trabajar con texturas, así lo declara en esta entrevista que podéis encontrar en internet: https://www.ibby.org/fileadmin/user_upload/IGOR_OLEYNIKO-compressed.pdf . Asimismo, en dicho documento, se incluye su biografía, referencias de los libros que ha ilustrado y muchas de sus ilustraciones.
El jurado del premio Hans Christian Andersen dijo sobre él:
“Este ilustrador excepcional puede dar vida a las páginas de una manera que debe ser la envidia de sus compañeros. Además, da vida a un extraordinario elenco de personajes. Oleynikov aporta a su trabajo el gran vocabulario artístico ruso, estilo y pasión. Aunque dice que no le gusta ilustrar a los niños ‘lindos’, es más que capaz de crear belleza –en sus paisajes y en sus personajes–. Hermosas o no, humanas o no, rebosan vida, movimiento y expresión”.
Es una lástima que no haya ninguna publicación en la que figure su trabajo como ilustrador que esté traducida al español. Yo tengo un cuento en alemán titulado Das Nian-Monster (El monstruo de Nian) escrito por la autora Kate Dargaw, nacida en Taiwán y cuyos libros, a menudo contienen elementos de viejos cuentos de hadas de su tierra natal, que ella pone en nuevos contextos para los niños y niñas.
El monstruo de Nian
El libro fue publicado por la editorial alemana DIX Verlag & PR y en este caso, hace un guiño a la cultura del país mencionando en el cuento los tradicionales Maultaschen de la región de Suabia.
El monstruo de Nian habla de la leyenda del dragón Nian, que en chino significa año o año nuevo, por tanto, el monstruo de Nian es el monstruo de Año Nuevo. Aprovechando que el comienzo del año chino tuvo lugar en febrero, también me parece una buena ocasión traerlo a colación y conocer el porqué del dragón y el color rojo en la celebración del año nuevo según la tradición china.

Cuenta la leyenda que antiguamente, a la gente no le gustaba el Año Nuevo porque en esa fecha aparecía el monstruo de Nian, una enorme bestia con cabeza de dragón y cuerpo acorazado de cocodrilo. Solía descansar profundamente en el fondo del océano pero una vez al año, en la noche del día 365 se despertaba y salía a la superficie para comer. La gente que vivía en las aldeas junto al mar lo había intentado todo para defenderse del monstruo pero no había tenido éxito, así que ante su inminente llegada, huían a las montañas despavoridos. La historia cuenta cómo un anciano que pasaba por allí, consiguió ahuyentar al monstruo con el crujido de su vara de bambú y el color rojo de su capa y de los papeles con los que forró las puertas de las casas.
Igor Oleynikov nació en 1953 en la ciudad de Lyubertsy, a las afueras de Moscú. Comenzó a dibujar cuando era niño pero no estudió arte formalmente, sino Ingeniería Química.
En 1986 comenzó a trabajar como ilustrador para periódicos infantiles y en proyectos de libros.
Muy prolífico y reconocido, ha ilustrado más de 80 libros para niños y jóvenes, incluídas obras de literatura y cuentos de hadas clásicos. Ha participado en numerosas exposiciones en Rusia y ha expuesto en la Feria del Libro Infantil de Bolonia en 2004 y 2009 y en la Bienal de Ilustración de Bratislavia en 2003 y 2005.